30 jun. 2016

INSPIRACIÓN VISUAL 86 Femicidio






Te escondes de tu miedo.

Miras por el rabillo del ojo,

oteando los silencios

tras los gritos y los golpes.


Ella yace sobre un charco de sangre, él te mira. Tu padre ha roto los diques y se ha desmoronado a su lado. Acaricia su pelo apelmazado por el coagulo que cierra el golpe.

Temes acercarte. No sabes por qué, pero te evades. Te alejas.

No puedes moverte. No sientes. No ves nada más. El tiempo quieto te congeló la sangre.

Quieres recordarte. Esa tarde luminosa entre uno y otra, cogiéndote las manos, alzándote en el aire.

        ¡Mamá!

        ¡Papá!

No suenan tus voces en el aire.

Tu muerte no la sabes.

Los tres transcendéis la carne.

Al final de un túnel ella tiende su mano.

Os alejáis sin veros.

Eran gritos ensordecedores.

        ¡Nunca! ¡No cuentes con ello! Si te vas, él se queda conmigo.

Una voz de hombre rompía la noche.

Los vecinos alertados llamaron a la puerta.

        ¡Paco, abre! No hagas locuras.

La voz no alcanza a la furia. Golpea sin control. Con ceguera.

Cuando vuelve en sí, observa la escena.

Recuerda. No había ido a verla con intenciones. Había aceptado sus condiciones. Se iría durante un tiempo. Se arreglarían. Era una crisis que superarían juntos, cuando ella volviera a aceptar sus besos.

No había soportado el rechazo, cuando quiso acariciarla, pidiéndole tiempo.

Cómo pudo hacerlo. Le entregó la cita de su abogado. Quería separarse. Divorciarse.

El niño se puso en medio, envalentonado, queriendo defenderla. Lo había apartado con un manotazo. Ahora estaba sobre una pared tatuada con su rastro.

Ella, también muerta. A golpes. Los de su furia.

Fue a la cocina, y sin pensarlo se cortó las venas, abrazado a ella.


11 jun. 2016

Encuentro



Inspiración visual 85. Encuentro

Una vez hubo terminado el rodaje de la serie romántica en que sólo tenía dos frases, Lucia, sin quitarse el atrezo, se descalzó y salió siguiendo las huellas de un perro, impresas en la arena.
Olvidó que debía volver. Sus pensamientos se llenaron de ideas remotas. Como si ir de época le insuflara ese papel.
Un gemido la sacó de su ensimismamiento. Un perro de ondulados blancos, vetados por negros dispersos, la miraba lastimero.
Observó con detalle, y miró a su alrededor, pensando que no lejos estarían quienes se ocupaban de él.
Se acercó, al advertir que estaban a solas.
Una chapita plateada llevaba su nombre. Linda. Era una perrita.
Tenía clavado un guijarro entre los deditos de su patita derecha trasera.
Con sumo cuidado, se lo quitó. No se había alojado en profundidad.
La acariciaba y susurraba con dulzura. al principio, huraña rechazaba que actuara, pero, quizás advirtiendo que la liberaba, dejó que actuara.
Caía la tarde. El sol anaranjaba el horizonte. Orientados al oeste, la puesta de sol magnificaba el paisaje.
A ella le costaba acostumbrarse. Venía del este. De otra orilla, en que amanecía con un sol rampante, plateando las mansas aguas mediterráneas. El Atlántico era diferente. No se acostumbraría nunca.
-Linda, bonita. ¿Vienes?
No la siguió. Ella marchaba, mirando de vez en cuando atrás.
Al día siguiente, volvió a seguir su rastro. Le había llevado unas galletitas para perros..
Serían amigas durante el tiempo en que se rodó el serial en ese entorno.
La última tarde, cuando se despedían, sus sombras se unieron para siempre.
De regreso, una dama de azul, y una perrita revoloteando a su alrededor, como espuma marina.