20 nov. 2012

Infinito matemático


Abandonó sobre la encimera la gomita que sujetaba las patas del pollo que despellejó.
De pronto, quedó admirado de la similitud del concepto matemático que usara en su época estudiantil.
-A infinito. -pensó.
Al tiempo, recogió el elástico elemento y lo encerró en compañía de los muchos que había acumulado en los últimos tiempos.
-El pollo sube, pero no tanto como otros alimentos. -dijo en voz casi inaudible.
-¿Decías algo?-escuchó la voz de Juana desde el salón.
-¡No! Nada.
-¿Cómo lo hacemos hoy?
-¿Lo quieres con patatas?
El silencio le contestaba.
Ella no prestaba atención.
Él trocearía las piezas para que pareciera haber más.
Cocinar le relajaba.

John Wallis fue el primer matemático en usar el símbolo de infinito en sus obras. (http://es.wikipedia.org/wiki/Infinito)

25 oct. 2012

Història de por

ELS MALSONS D’EN MIQUEL

Cal que obris ben bé els ulls,
quan de nit no pots dormir
i els malsons són amb tu,
si tanques els teus ulls.

Aquella nit no hi havia ningú a casa. En Miquel s’havia quedat tot sol, perquè no havia volgut sortir amb la seva colla a fer la festa de la Castanyada.
Els pares i la seva germaneta l’havien convidat a anar amb ells, però s’hi va negar, pensant que podria gaudir d’estar sol i fer el que volgués.
Va demanar una pizza i, menjant-la, va mirar pel·lícules a la televisió, fins ben tard.
Tot li va anava a cor que vols, tal com s’havia pensat. Però de tant mirar la tele les imatges de por li van quedar a dins, i quan va voler dormir li van tornar al cap amb un caos espantós.
De fet, ell creia que estava despert, però no. Era dins del somni d’un somni.
Encara que els seus ulls volien obrir-se espantant les ombres no podia i aquestes prenien formes sinistres.
Sort que la seva germaneta, quan va arribar a casa, va anar corrents a la seva habitació, per fer-li una abraçada i explicar-li com s’ho havia passat de bé, i tot el que havia viscut aquella nit de Castanyada al casal.
−Miquel!− va cridar la Nora, mentre es llençava a sobre del seu llit.
 Ell va confondre la nena amb una criatura macabre, i va reaccionar fent-hi un crit d’espant.
−Ah...!

La mare, mateix, encengué el llum i tots  tres es van petar de riure.

En Miquel tenia el cos enredat amb els llençols, i amb l’ensurt s’havia posat dret a un raconet del llit, a sobre el coixí, tremolant i enganxant-se el cap amb les mans.

Semblava una mòmia.

 La Nora el va imitar, enredant-se al voltant del llençols dels seu llit, i van acabar la festa fent de mòmies que caminen amb els braços estirats cap al davant.


2 jul. 2012

Superviviente

El tenor empezó su aria. El público contuvo la respiración.
El misterio estaba servido.
Todo acabó en ovaciones y aplausos que parecían no tener fin.
-¡Bravo!
Decía petrificado en su asiento.
Había sentido como le penetraba el rayo helado en su espalda.
Lo había soñado un par de noches atrás.
La puesta en escena era la réplica de la de su sueño.
De pronto cayó el techo sobre todos ellos.
Gimió mientras se le iba la vida. Una viga le partía el esquinazo.
No hubo remedio.

El único superviviente recordaría en su silencio y quietud que había sido advertido por una pesadilla que desoyó.

Ahora recordaba con nitidez los avisos que no había tenido en cuenta.
Viviría pare mortificarse. No podría comunicarse.
Si hubiera sido posible, habría pedido que le trataran igual que a los animales domésticos, que con una inyección hacían el tránsito.
Le molestaba la fría luz de la estancia en que se encontraba, pero ni eso, ni otros inconvenientes serían atendidos ni entendidos.
Viviría recordando el do de pecho en el instante en que estalló el rosetón de cristales multicolores.


9 jun. 2012

El campo

-¡Síganme!

Anunció la guía a los turistas que aquel día depositó el autocar en medio del camino.

Nosotros quedamos estupefactos.
¿Qué podían encontrar en esa carretera que cada día recorríamos camino de la escuela para poder aprender con otros las primeras letras?

Mamá, tiró de nosotros y nos dijo:

Que eran gentes de asfalto, sobradas de dinero y carentes de vida.
Que el campo empezaba a ser un bien escaso.
Que éramos pocos, los que disfrutábamos de poder poner nuestros pies en el barro.

19 may. 2012

RECUERDO


Sonó un aria y mi mente se arremolinó entre las enredaderas del invernadero.
Viniste a mi lado, susurrando palabras tiernas.
Ahora no estás.
Mi sonrisa te cautivaba.
No lo supe hasta que pocos días antes de tu partida me pediste que no dejara de sonreír.
Aún así, mis gestos son adustos.
No consigo soltar las comisuras de mis labios.
Estoy triste.
Mis recuerdos se oscurecen entre velos de dolor.
Tendré que esperar a que la vida me vuelva a alcanzar.

Mi novela

Mi primera novela en http://www.bubok.es/libros/213540/EN-AQUELLOS-TIEMPOS

13 may. 2012

Los ojos pueden no ver


La niña ciega pintó con sus acuarelas un poblado multicolor al final de un arcoiris.

-¿Dónde lo viste?
Le preguntó la maestra, estupefacta.

-Lo he soñado.

El rojo huele intenso.
El verde es fresco.
El amarillo me hace cosquillitas.
El azul me acaricia.

Y así, iba llenando el aula con colores que penetraban por las ventanas.

Sus compañeras y compañeros bailaban queriendo coger esas motitas brillantes que parecen juguetear en los rayos de luz que atraviesan las pulidas superficies de cristal.

Aquella tarde, la sesión de pintura se llenó de magia.

Los ojos pueden no ver, pero el alma capta.

4 may. 2012

La niña y el elefante


Susurra la niña al elefante.
-No te preocupes.
-Por aquí no vendrán los cazadores.
-Aquí estoy yo para protegerte.
-¿Quieres que te cante?

Con la trompa al aire, trompetea al viento, mientras la niña susurra una nana.
La que de niña le cantaban, en sueños, los enanitos de la casita de Blancanieves.

-No temas al monstruo de la escopeta.
-No le temas.
-Cuando le veas, un silbidito me hará venir a ti.
-Me pondré entre él y tú, y le cantaré la canción de los sin temor.

Nadie le tema a la fiera.

Ella se desinfla.

Nuestra niña crece al lado de su amigo.
Él llegó al circo siendo una cría de elefante.
Ella se encapricho, diciendo que lo quería para ella.
Los del circo, que no hacían números circenses con animales, siguieron con sus malabares.
La niña creció. El elefante también.

De vez en cuando, la mujer lleva a su hija para que conozca a su amigo.
Entre ellos nació el cariño.

Cuando su vientre aumentaba, el elefante escuchaba su corazón.

Es posible un mundo en que los seres vivos se escuchen.

El elefante recuerda que en la selva hubo cazadores que arrancaron el alma de sus madres.

Recuerda su trompita al aire llorando lo que no entendía.

Recuerda.

La niña, y hoy su hija, amansan su dolor con abrazos y caricias.

Ellas no saben lo que pasó.

Él no querría que sus recuerdos llegaran a ellas.

Cuando le vienen, sopla al aire su sentimiento y balancea su pensamiento.


30 abr. 2012

Relato - Literatura fantástica




Estaba tan dentro de mí que olvidé mi instinto y curiosidad.
Aún así, aquella tarde de lluvia, no teniendo posibilidad de salir a merodear por los alrededores de la mansión, decidí seguir explorándola por dentro.
En todo este tiempo, no había advertido que una parte del empapelado del pasillo tenía las marcas propias de una puerta disimulada.
El tapizado era de color burdeos y tacto aterciopelado.
Pasé mis dedos y di con el artilugio que abrió de inmediato el acceso.
Estaba oscuro, pero mis ojos suelen adaptarse rápido, y al poco rato advertí que del fondo de un pasillo estrecho subía una escalera en caracol.
No me lo pensé dos veces. Ni previne la posibilidad de peligro.
Miré a uno y otro lado y, aunque los retratos de los habitantes me miraban inquisitivos, me interné y cerré tras de mí. 
Quedé un rato esperando tranquilizarme, pues mi pecho acelerado parecía estar a punto de estallar.
La emoción se había puesto en marcha porque, en el instante que se cerraba la puerta tras de mí, todo giró a mi alrededor. Y no fue una sensación o imaginación. Era real.
Pareciéndome estar en uno de esos artilugios de feria que ruedan en espiral, llevando a los incautos por túneles de terror.
Cerré los ojos. Fue mi reacción frente al miedo.
Cuando los abrí, el espacio que creí oscuro estaba iluminado. La luz procedía de una claraboya que dispersaba sus rayos a todos los rincones de una amplia estancia.
Del pasillo y la escalera de caracol, ni rastro.
Una caja lacada llamó mi atención. La tomé e intenté abrir, pero no encontré el mecanismo.
Desistí y la volví a dejar en el mismo sitio, pero algo se activo y empezó a sonar una musiquilla repetitiva.
No puedo asegurar que lo que voy a contar sea algo vivido o imaginado.
A partir de ese momento yo no era yo.
Un espejo me devolvió la imagen de una niña pelirroja peinada con unos tirabuzones que me recordaban los de una muñeca de barro de mi tierna infancia.
De hecho, en realidad no era la imagen de una niña, sino la de esa muñeca que volvía a mí del pasado en la imagen especular.
Temí caer y hacerme añicos.
Era frágil.
Oí pasos.
Me metí dentro de la caja y escuché uno a uno, los visitantes de la estancia.
Pasaron largas horas.
Diría días.
¿Cómo salí de esa?
Ni lo sé.
Recuerdo que hablaban de una caja lacada que estaba sobre una cómoda de roble, situada en la buhardilla de la mansión.
Decían que habían subido a ella para inspirarse y encontrar objetos que les sugirieran relatos fantásticos.
Recordé a los maestros de la literatura fantástica.
Lo hice repasando el recuerdo de noches de lectura.

Puedo explicarme en estas líneas porque, sin saber cómo ni cuando, alguien dejó la caja lacada en mi habitación.

Cuando desperté, la encontré sobre el baúl de mis pertenencias.
La muñeca de porcelana adornaba un rincón de mi escritorio.
 

21 abr. 2012

Las sardinas


-¡Venid a mí, escamadas criaturas!
Decía con su cantarina voz mientras dejaba caer una gota de su pócima sobre el césped del jardín de la mansión abandonada.

Asomaron curiosas, las sardinas.

¿De dónde salían?

De los confines del mundo en que el suelo predomina, y el líquido escasea.

Su intención era buena, pero ellas se quedaron secas.

Habría una merienda austera en la casa del pobre al que ella visitaba a diario, alojado en la del jardinero.

Pan seco y sardinas. Todo un banquete.

15 abr. 2012

El elefantito



El elefantito no sabe, que su llanto vibra en la selva africana, al compas de las ubres humanas que secas no pueden amamantar a sus criaturas.
El elefantito no sabe, que el hombre blanco prepotente y adinerado, se divierte a costa de su orfandad.
El elefantito no sabe, que un día crecerán sus colmillos, y humanos sin escrúpulos se los arrebatarán.

27 mar. 2012

Cruce

Acelerada, tomó las llaves y salió de la casa dando un portazo.
Salió del garaje con impaciencia. La portezuela no acababa de abrirse.
Un transeúnte, que se cruzó con ella, casi cayó.
Se lanzó en dirección norte, saltándose los semáforos en rojo.
Fue dejando una estela de recriminaciones e innombrables voces.
Al fin, soltó el pie del acelerador y frenó en seco.
Ante tantas señales, dudó.
No sabía en qué dirección.

26 mar. 2012

El abuelo

El abuelo

Ha pasado la noche.
A penas he pegado ojo.
Las toses del abuelo me han preocupado.
Nunca hubiera imaginado que tendríamos que vivir a su cuidado.
Eso que le habíamos llevado a la residencia.
Pero no pudimos seguir costeando el pago.
Eso fue lo primero.
Después nos llegó el paro.
Los niños empiezan a preguntar porqué no tienen aquellas pizzas que pedíamos los sábados por la noche, para tomarlas mientras veíamos las programaciones que a ellos más les gustaban.
El abuelo está en casa.
Vino contento.
Con su maleta y su despertador.
A él le han gustado siempre los relojes. Es algo que nunca le he preguntado, pero me gustaría saber porqué les tiene tanta afición.
Monopoliza el mando a distancia.
Sólo quiere ver documentales e informativos.
Allí lo dejamos solo, mientras nos metemos cada uno en nuestro rincón.
El mío, la cocina.
Allí tengo mi despacho.
Cuando no fregoteo y guisoteo, me entretengo con sopas de letras y escribiendo.
No me conecto a internet.
Hemos reducido gastos.
Le cogí gusto a escribir y eso me entretiene a ratos.
Escucho la radio.
Me gusta seguir las conversaciones y debates.
No sé de qué parte ponerme.
No acabo de estar de acuerdo con ninguna de las opiniones.
Tocaba ir a votar.
No lo hemos hecho.
Siquiera hemos pensado en que nuestra papeleta podría tener algún valor.
Nos sentimos fuera de todo.
Para celebrar el domingo he hecho lentejas.
Al abuelo le han encantado.
Nos hemos quitado el hambre.
Y de postre un pastel elaborado con galletas y chocolate.
Los peques me miraban y reían.
Se pasaban la lengua por el bigote.
Lo agradecían.
Todo lo que sea laminear les seduce.
Ya no hay chuches.
Tenemos que mirar de llegar a fin de mes.
Para los seiscientos y pico del abuelo hay que hacer malabares.
Suerte que, mientras hay clases, la Paqui y el Nani tienen comida en el cole. Una beca que nos concedieron y con suerte mantenemos.
Ha habido otros que la han perdido.
José está menos adaptado.
No acaba de encontrarse.
Sale temprano y vuelve a la hora de comer.
Siempre que le pregunto, de dónde viene contesta que de por ahí.
No compra el periódico, pero lo trae.
Debe cogerlo de algún sitio.
A él se le terminó el paro.
A mí me cae alguna hora de limpieza.
Ahora tendrán que hacerme contrato, y eso parece que tira para atrás a quienes me la ofertan.
El abuelo me preocupa.
Si se muere, nos quedamos con el culo al aire.
La ropa de los crios me la pasan en el colegio, madres que tienen otros que crecen y les queda pequeña, pero empieza a escasear porque somos muchos los que tenemos necesidad.
El padre de mi marido tiene buen carácter, pero traga. Come casi la mitad de lo que preparo.
Para que llegue a todos añado pan y patatas.
El pan seco es lo que uso para aumentar el bulto.
Tortillitas de miga y huevo, con medida de cuchara, en salsa de tomate, hace las delicias de todos.
De la carne, la cosa se complica.
Empanarla hace que aumente la sensación y produzca saturación.
Malos tiempos nos vienen.
¿Cómo mantener al abuelo?
Renquea y está viejo.
Longevos nuestros ancianos nos sacan de apuro, pero su cabo es corto y la crisis no promete receso ni recuperación.
Mi cuñada nos mira de reojo.
Quisiera llevárselo.
Quién hubiera dicho que por el abuelo fuéramos a discutir con quien iba a quedar, queriéndolo tener.
Ella aún tiene media jornada.
Le he propuesto hacer comida juntos, para ahorrar.
Se lo está pensando.
Aquí somos cinco, y ellos tres. Para ocho podría sacarle jugo a la olla. Los días de fiesta y vacaciones escolares. Los otros seriamos cinco.
Ella aportaría lo suyo y yo guisaría.
A ver si la convenzo y avanzamos.
La casa es del abuelo.
De él pasara a los hijos.
Podemos empezar a compartir y convivir.
Será como en otros tiempos en que la familia amparaba a todos sus miembros.
La familia somos nosotros, ellos y él.
¡Que nos dure!

22 mar. 2012

EL AGUA NO MOJA




Apurada, enquistada en el banco no hace más que abrir el paraguas.
Llegó a él agotada.
Despertó a punta de alba, cuando las luces de neón animaban los últimos transeúntes de retorno de la noche festiva.
Ella iba a sacar los restos de esa juerga.
Era mañana dominguera.
Algún que otro beodo le molestaba, pero ello lo esquivaba sin gesto ni acritud.
Se apartaba, y seguía su camino.
Tenía que apurar para no tardar.
Caminaba entre adoquines malolientes de orines de alcohol.
Terminó.
Un banco en el parque que acortaba el trayecto de retorno.
Por ser domingo, no tocaba apurar para despertar a sus retoños.
Nada de lo que acontecía entre la calenturienta pareja, le preocupaba o molestaba.
Para ella natural.
Pasó por su frente la sombra de un día pretérito.
Él la había seducido, en el ardor de los años jóvenes.
Había vivido el apareamiento en un ritual iniciático que nada de placer le reportó.
Abultamiento de vientre le llevó a sumir obligaciones de mujer matrimoniada.
Tres.
Tres veces, y ni una más.
Él se marchó.
Mejor.
Tiene una vida trazada y disfruta de momentos como éste.
Vive el amanecer diario recogiendo los restos de fracasos venideros.
Al fin, toma impulso y marcha.
No quiere sentir en sus entrañas un orgasmo ajeno.
Se aliviará en el cuarto de baño de su casa.
Es domingo y sus peques duermen.
Mañana no tendrá pausa.

21 mar. 2012

La intuición que nunca le falla




LA INTUICIÓN QUE NUNCA LE FALLA

Escudriña entre sus cosas.
No encuentra algo.
Sentada está en un banco.
Vuelve a intentarlo.
No lo halla.
Ha salido de su casa sin coger el llavero.
¿Qué hacer?
Revisa su monedero.
Irá a comer, comprando en un supermercado, pan y queso.
Serán horas de espera.
Su compañera suele volver tarde.
Pasea.
Se cansa de ir de abajo arriba.
Más por el nerviosismo que el descuido le motiva.
Al fin, decide entrar en un bar y tomarse algo caliente para solazarse.
No consigue esa finalidad.
Se lo sirven frío y aguachinado.
¡Qué desastre!
Y además, le sablean.
En sitios como ese, en que el turismo circula, los precios se inflan.
¿Le habrán visto cara de guiri?
No reclama, ni se queja.
Cuando sale, se vuelve y mira el sitio para recordar que allí no ha de entrar.
El reloj parece pararse.
Se acerca al portal.
Llama.
Lo hace, por si la casualidad le compensa y su amiga está de vuelta.
¡Qué va!
Piensa que pierde un tiempo hermoso.
Se dirige al metro y parte al centro.
Irá a pasear por librerías y algún libro le tentará.
Así hace.
De regreso, con un libro entre las manos, llega a su andén.
Está en la página veintitrés.
Le interesa.
Pasa por la casa, y llama.
Está en casa.
Sube y coge sus llaves.
Se marcha.
Ahora sí. Puede relajarse.
Pide un café y sigue ensimismada en los trazos del texto casual.
No es de los superventas, no sabe de su autora.
Se ha dejado llevar por la intuición que nunca le falla.

20 mar. 2012

Llueve

Cae la lluvia sin mojar mi alma.
Quedo en ese banco mirando esa cortina transparente y mis pensamientos vagan por mi mente.
No advierto la vida del banco que al lado acoge a una pareja.
Sé que están allí, pero mi mismidad me tiene ensimismada.
¿Seré capaz?
¿Daré ese paso?
¿Saldré a guarecerme en cualquier portal de la calle que linda el parque?
No lo haré.
Esperaré que el frío de la humedad me despierte, para despegarme de ese estado de noedad.
Nada me vale.
Las ilusiones pasaron.
Quiero fundirme y diluirme en esos charcos.

15 mar. 2012

Espectáculo

Soy el centro de atención.
No sé donde ponerme.

Ese público expectante, cree que puedo caerme.

No esperan el salto final.

Bajo mis pies una gran profundidad.

Eso es lo que los tienen en vilo.

Mis alas voy a desplegar.

10 mar. 2012

El vestido rojo

"Al pasar la barca..."
Repite sin poder continuar.
Entre sus piernas un hilillo de sangre.
Ruedan por su rostro una lágrima tras otra.
No entiende.
No sabe.

Recuerda ese balanceo de ayer.

Su padre la llevaba a un vestido rojo de niña.

¿Qué ocurrió aquella tarde que gravita en su memoria?

Él anciano ahora.
Ella no logra recordarle.
Se mira en sus ojos, y no ve a nadie.

La madre en una esquina, observa a la que fue su niña.

¿Habrá perdón para los que como ella guardan secreto bajo siete llaves?

Recuerda que no quiso ver, y miró para otra parte.

Sabe que la niña buscaba que alguien le amparase.
¡Nadie!

"Al pasar la barca..."

Salta al vacío llevándoselo consigo.

Lo hace por misericordia, mientras le canta, viendo ante sí su miedo en la noche antigua, del rasgar de los pasos en el pasillo entarimado de la casa familiar.

La madre cierra los ojos al ver lo que va a pasar.

Siempre tuvo miedo de ver.
De saber.
De actuar.

Ella no olvidará.

Sirenas se oyen.

Una anciana en camilla, agarrada a un vestido rojo de niña.

8 mar. 2012

Al final del cuento

AL FINAL DEL CUENTO

Y comieron perdices, sazonadas con lágrimas de monótona compañía.
A ella le dolía la espalda, de tanto trajín.
Pero un buen día, a su ventana llegó el trino de la primavera nueva.
Miró por ella.
Le salieron alas, allí donde más dolía.
En el alma.

29 feb. 2012

¿Miedo?

No creas que su mirada de susto es motivada por ese animalejo que parece observarlo con curiosidad.
Ese niño tiene razones para no pegar ojo.
Los golpes y gritos que tras las paredes se sienten, le advierten de un futuro negro e incierto.
Las paredes son de papel.
Todo se oye.
Su habitación, colindante con la casa del vecino, es amargo refugio.
No es maltrato de hombre a mujer. Es desolación ante el desahucio implacable.
Golpes. Gritos y llanto.
Mañana, sus amiguitos no estarán en la calle a la hora de los juegos infantiles.
Se está quedando solo.
El frío cruje las entrañas de su cuarto.
¿Miedo?
Eso es terrible.
El vecindario se está diezmando.

11 ene. 2012

Las niñas

He parado un rato ante el invernadero.
Lo he hecho porque me ha parecido oír algo.
He escuchado con atención y nada.
Ha debido ser cosa de mi imaginación.


-¡No creas!- insinuó Marión, el ama de llaves. Y siguió narrando, ante mi perplejidad:

-Cada tarde, cuando las cosas parecen mezclarse con las sombras dejan de proyectarse porque el sol se oculta tras la montaña azul, las niñas corretean entre margaritas que deshojan.
Ellas lo hacen desde tiempos pretéritos.

-No se sabe si fue su existir en este sitio, o invención de los muchos visitantes que han sentido lo que tú.

Marión hizo una pausa.
Permanecí en silencio, esperando la continuación de su relato. La cosa se ponía interesante.
Cuando mis pensamientos me llevaron a imaginarlas revoloteando como mariposas. ella siguió con voz queda:

-Larmes e Iris murieron en el incendio del catorce. A inicios del siglo veinte.
Eran parte del grupo de niñas y niños sacados de las ciudades en contienda.
Nunca se supo qué ocasionó tal desastre, pero ellas vuelven cada atardecer cuchicheando, dando a entender que lo saben.
Si te sientas en el banco de piedra poblado de enredaderas secas, escucharás su secreto.

Marión señaló a una piedra que parecía formar parte del espacio en que estaba. En ese momento me percaté de que era un viejo banco integrado con la herrumbre de los años.
Nos sentamos, no sin antes colocar sobre la piedra el periódico que llevaba doblado tras haberle dado un primer repaso, para evitar el frío y la humedad.
Miré a mi compañera y con un gesto silencioso me puse a la escucha.
Ella siguió. Yo visualicé, de forma casi real lo que ella me iba contando. ¿Es posible que me traspasara sensaciones que ella misma conocía de primera mano?

-Las niñas se alojaban en las habitaciones del primer piso de la mansión, pero burlaban la guardia de sus cuidadoras para salir a bailar a la luz de la luna.

Animaban sus juegos nocturnos con imaginación.
Una de sus travesuras era coleccionar luciérnagas, que se llevaban a la cama para que la luz no les abandonara, dentro del bolsillo diminuto aplastado en la parte derecha de un camisón raído a base de restregones y coladas de ceniza caliente, para mantener a raya a chinches y piojos.