2 ago. 2016

SOY ALMA


SOY ALMA

Halito de esperanza
aliento
disipa el trago
del adiós
transforma mi paso
resiste el empuje

Voy sola
Al final una luz
¿Habré muerto?
¿Es éste el camino?
Globos en mi mano.
Y una maleta
ligera como ellos

¡Vuelo!
A esa luz me acerco.
No tengo miedo.
Siento calma.
Oigo el susurro
de otras almas.
¿Quién era yo?
Soy alma.

© Ana M Sancho Biesa

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CAMINO



CAMINO
Arrastro mi suela sobre el suelo de esquirlas.
Marcho ilusionada, dejando atrás un pasado que quiero limpiar con ilusión y esperanza.
He quedado sola.
Amarga fue la pérdida, pero mi alegría es sentirme viva, y saber que hice más de lo que nunca hubiera imaginado. Que el destino me puso a prueba.
Mi camino no tiene fin. No sé a dónde me llevará, pero mi equipaje está libre de lastres.
Pasé por un pueblo en fiestas, y compré los últimos globos que un payaso vendía.
Me miró, y sentí que me los ofrecía.
Hacía tanto que nadie me miraba hasta dentro del alma.
No tuve hermanos. Mis padres marcharon antes de que los identificara.
Mis abuelos paternos se hicieron cargo de mí. Me lo dieron todo.
Cuando creyeron que comprendería, me explicaron lo que había sucedido.
Papá y mamá me habían dejado con ellos, para que pasara unos días en su compañía. Ellos debían volver a sus responsabilidades. Trabajaban los dos. Hubo un accidente en la autovía por la que pasaban, y una explosión de un camión cisterna les alcanzó.
No lo recuerdo. Puedo reconstruir ese pasado con imágenes del recuerdo de mi abuelo Tomás, que siempre contenía las lágrimas cuando me lo explicaba.
Mi abuela Aurelia, escuchaba en silencio y me apretaba contra su pecho. Yo sentía un profundo dolor, su emoción entraba en mi corazón.
Cuando advertía mi tristeza, me miraba fijamente a los ojos, y me decía que yo era un regalo.
Mis ancianos abuelos se han ido. Dicen que es ley de vida, pero no entiendo eso.
He cerrado la casa, vendiendo todas sus pertenencias y he decidido conocer lo que vaya descubriendo en mi caminar.
Estudié. Con muy buenos resultados. Ellos estaban orgullosos.
Quiero ser artista. Si encuentro alguna tribu que se dedique a artes malabares y circenses, me gustaría unirme a ellos. Por eso voy siguiendo caminos de pueblo en pueblo, buscándolos en esos encuentros festivos.
© Ana M Sancho Biesa

31 jul. 2016

UN ADIÓS



UN ADIÓS

"Me trajiste flores. En un intenso abrazo nos dijimos un adiós que parecía ser hasta pronto.
Marchaste. Para siempre.
No me perteneces. No eres de nadie. Ni de ti mismo.
Si hubiera intuido que te perdería, habría gestado cualquier estrategia para retenerte, para que hicieras tarde y perdieras tu vuelo. Ese que extravió mi vida.
Ningún superviviente. Ningún rastro al que mirarme.
Estallaste en el aire. Te esfumaste.
Esperaba tu llamada. La de hemos llegado. La de siempre. La común. La que me acompañaba hasta tu regreso.
Pilotabas. No pensaba en riesgos ni peligros. Volvías con rosas frescas y brazos abiertos.
Las tiré marchitas. Dejé de reír. Mi gesto se quedó roto.
Sin ti no hay vida."
Encontraron próxima a su mano una hoja manuscrita.
Ella yacía con los brazos fuera del agua enrojecida.
La chica que iba unas horas a ayudarle la encontró allí.
Un grito y llanto ahogado.
Llamó.
Gritó.
Algunos vecinos se acercaron.
Fueron ellos los que dieron aviso.
Llegaron y se la llevaron.
La chica en su espanto no pudo con ello.
La acogieron y acompañaron.
Una anciana le acercó un vaso, mientras la acogía en sus brazos.
−Toma, bebe. El agua con azúcar te quitará el susto.

© Ana M Sancho Biesa



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15 jul. 2016

Desde el rincón de la memoria



Desde el rincón de la memoria
(mirada a tantas horas de espera)

Anclada en ese puerto desde que marchara
ella, la madre que te acunaba
en los primeros momentos
en los primeros llantos
en los primeros sueños

La casa vacía
sin ella
sus acariciantes ojos
extraviados en el vacío
de un silencio neuronal
que la hería

Decían que quedaste liberada
Decían

Sabes que nunca será mañana
en su regazo
que el pasado se irá desdibujando
en tu mente
y que quizás navegues tú
en aguas revueltas
de ausencia

Fue ella,
la que te dio la vida
la que animaba cada instante
de la que seguías
en silencio
escuchando tu dolor
cuando la vida te golpeaba
cuando la frustración te marchitaba
ahora el espejo sólo retorna
las cuencas extrañas de tu añoranza

¿Cómo seguir sin ella?
¿Cómo vivir sin su existencia’

Vives la espera de volver a verla
en tu semblante
en tu apariencia
en tu voz
en tu gesto
en tu corazón

En ti
¡Allí está ella!
© Ana M Sancho Biesa

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